Sergio Aredes y Marcelo Villalba están realizando el camino del Diaconado Permanente, cuyo primer paso de este ministerio fue el Lectorado: centrado en la lectura, meditación y vivencia de la Palabra de Dios.
Continuarán el domingo 26 de abril en la Catedral de San Francisco con el Acolitado: etapa actual, que implica un servicio más directo en el altar, la preparación de los vasos sagrados y la asistencia al sacerdote. A partir del 26, los acólitos vestirán alba en las misas, marcando un protagonismo y desempeño distinto.
La siguiente y última etapa después del acolitado, que requiere preparación continua y oración, esperando la disposición divina para la ordenación como diáconos permanentes.

Las esposas son un pilar fundamental en este camino, brindando acompañamiento y apoyo, cuya firma es esencial.
Pueden ser diáconos hombres casados mayores de 35 años. También pueden ser solteros o viudos, pero una vez ordenados, no pueden volver a casarse. Actualmente, hay otros ocho o nueve hombres en la diócesis que están comenzando este proceso de formación hacia el diaconado permanente.






