El Profesor Rubén Arce comparte una emotiva retrospectiva sobre los 52 años de la Escuela Miyazato de Karate detallando su fundación, los desafíos iniciales, la búsqueda de guía, la evolución de su filosofía y el compromiso con la formación integral de sus alumnos.
La Escuela Miyazato de Las Varillas abrió sus puertas el 14 de enero de 1974. Fue fundada por Jorge Ferrer, un alumno de la escuela Miyazato de Córdoba. Las clases se impartían los sábados por la tarde y los domingos por la mañana, adaptándose al horario de Ferrer, quien estudiaba medicina.
Los lugares de práctica iniciales fueron «los católicos» (demasiado costoso) y luego un gimnasio al aire libre. Los entrenamientos de invierno eran muy exigentes, con el piso helado, lo que sorprendía a los transeúntes. Finalmente, se consiguió un espacio techado prestado.
Hacia fines de 1979, Jorge Ferrer se mudó a Estados Unidos debido al clima político del momento (la dictadura), dejando la escuela «huérfana». El Profesor Arce y otro practicante, Miguel Kuki, continuaron entrenando por su cuenta, pero sentían la falta de una guía adecuada. Arce descubrió otra escuela Miyazato en Villa María, dirigida por el instructor José Camilo.


Durante la década de 1990, la familia Miyazato se trasladó a Okinawa por motivos de herencia. El yerno del Maestro Miyazato asumió la dirección en Argentina e introdujo una visión «yanquizada», impulsando la preparación para torneos. Instructores y alumnos de Las Varillas se capacitaron y participaron en competiciones.
Participaron en el primer torneo mundial en Okinawa en 1997. Estudiantes de Córdoba obtuvieron el segundo y tercer puesto, y Javier Chapella de Las Varillas alcanzó el decimoctavo lugar entre 3.800 participantes. Al regresar la familia japonesa-argentina, el Maestro Miyazato felicitó los logros, pero categóricamente reafirmó que la Escuela Miyazato no es para entrenar para torneos, enfatizó que el objetivo del karate Miyazato es «templar el espíritu y formar personas de bien».
La escuela se rige por el concepto de «mente, cuerpo y espíritu», buscando un equilibrio interior. El objetivo primordial es formar «personas de bien».





