EDITORIAL. Acusaciones cruzadas, lenguaje vulgar y mensajes agresivos que recepta la sociedad desde el poder

El jefe de Gabinete Manuel Adorni se presentó el miércoles 29 de abril en el Congreso de la Nación no sólo dejó numerosas reflexiones sobre la exposición en sí misma del funcionario, sino un análisis que va más allá de lo meramente expresado.

Al margen del contenido, que estuvo signado por evadir preguntas sobre las acusaciones de corrupción, que implican la compra de departamentos, casa en country, viajes al caribe y Uruguay, sin explicaciones, lo más grave es que si hubiere alguna explicación, como ocurrió con el avión presidencial que llevó a la esposa de Adorni a EEUU y la justicia dijo que ello no significó un gasto extra para el Estado, de lo que se trata es de la “moral”.

Un gobierno que llegó para “exterminar la casta” (léase políticos y en especial al Kirchnerismo), termina haciendo lo mismo y es aún peor, porque además de caerse el relato que queda en evidencia que es “mentiroso”, la gente de a pie, es decir: jubilados, trabajadores, comerciantes, industriales, la están pasando mal.

Entonces vale la pregunta ¿Y entonces qué vinieron a resolver? Aplicaron un ajuste feroz, la gente (excepto algunos sectores puntuales de la economía como el campo, la minería o el petróleo), están viviendo muy ajustados, tratando de sobrellevar la situación privándose incluso de comer carne cuando así lo desean (que pasó a ser un alimento de lujo por el precio), con aumentos en medicamentos, alimentos, servicios, todos los meses, con sueldos que se incrementan en porcentajes menores a la inflación.

Ante este panorama, las explicaciones de Adorni no estarían convenciendo, sobre todo por la vida que llevaba antes de entrar a la función pública.

Pero como si fuera poco, este año en particular el Congreso en particular se ha convertido en un espacio donde la institucionalidad parece haberse perdido. Ya el 1 de marzo en la apertura de sesiones, el presidente utilizó un lenguaje de “cancha” hacia la oposición, descalificando, prácticamente insultando, de manera bastante agresiva.

En este caso con Adorni, vuelve a suceder, colocado en un palco del Congreso, el presidente intercambiaba cuasi insultos con algunos miembros de la oposición, y lo más llamativo fue cuando salió, tratando de “corruptos y delincuentes” a los periodistas que le intentaban preguntar.

 Da la sensación de que el presidente siempre elige un enemigo: los gobernadores, los empresarios, sindicalistas, los periodistas, ¿quién seguirá en la lista?

Pero lo peor de todo esto y quizás lo más preocupante es que la agresividad verbal de quien tiene la mayor responsabilidad en el país, observado por chicos, jóvenes y adultos, porque lo que hace o dice un presidente no pasa desapercibido, habilita a que cualquiera pueda utilizar ese mismo lenguaje “que incita a la violencia” en cualquier lugar o espacio, o con cualquier persona en la calle, en la escuela, etc.

Comparte

Otros Titulos