Por Jorge Cravero (Las Varillas).
El Partido Radical había sido fundado en 1891 por un grupo de personas que compartía objetivos y acordaba estrategias. Su propósito principal se orientaba a destruir el sistema político desarrollado por el Partido Autonomista Nacional desde 1880, y retornar al país, a lo que definían como su camino institucional original. El amplio espectro de medios para lograr este fin incluyó una sólida organización partidaria, la competencia electoral, la representación parlamentaria, el uso de una retórica directa y punzante a través del diario El Argentino, y la revolución.
En 1898 apenas quedaban rastros de esos elementos constitutivos del Partido Radical. Alem estaba muerto. El diario El Argentino había desaparecido y las figuras conductivas del radicalismo se encontraban divididas en sus lealtades, en sus objetivos, en sus estrategias, y en sus voces.
¿Qué sucedió durante estos años con los miembros de la vieja Unión Cívica Radical?
Durante la gobernación de Bernardo de Irigoyen de la provincia de Buenos Aires (1898-1902) los seguidores de Hipólito Yrigoyen (hipolistas) fueron sus más enérgicos opositores. La administración de Irigoyen sobrevivió gracias al apoyo de los seguidores de Carlos Pellegrini y pronto el funcionario radical y su círculo se unieron formalmente al Partido Autonomista. Otros integrantes de la Unión Cívica Radical se unieron al Partido Republicano de Emilio Mitre. Después de abandonar el partido en el año 1897, Lisandro de la Torre fundó la Liga del Sur, una organización política con competencia regional en el sur de la provincia de Santa Fe y en 1914 se convirtió en uno de los principales líderes del Partido Demócrata Progresista.
La supervivencia del Partido Radical en el siglo XX fue principalmente obra de Hipólito Yrigoyen y su círculo.
La reconstrucción de la UCR llevada a cabo por Yrigoyen mostró una serie de rasgos distintivos. Para reunir al partido, el líder bonaerense recurrió a los símbolos sagrados del radicalismo: la figura de Alem, la revolución de Julio de 1890, las convenciones partidarias y la revolución. En la primera década del siglo XX, la UCR de Yrigoyen presentaba algunos rasgos novedosos. El primero se hallaba relacionado con los cambios socioeconómicos que experimentó la Argentina en esos momentos. El país se recuperó de la crisis del noventa, creció económicamente, y la inmigración y la inversión externa retornaron a los valores previos a la crisis. Si bien la principal actividad económica seguía relacionada con el sector agrícola el período también presenció un incipiente desarrollo industrial. El empleo fue afectado por la creciente competencia en el mercado laboral y las transformaciones en los lugares de trabajo. Las organizaciones obreras y sus afiliados crecieron rápidamente, y experimentaron una fuerte influencia de las ideas anarquistas y socialistas que llegaban de Europa con la inmigración. En los primeros años del siglo XX, el país experimentó una intensificación de conflictos laborales que se manifestó, entre otras cosas, en un creciente número de huelgas con un creciente número de participantes.
Otro rasgo novedoso del Partido Radical de Yrigoyen se relaciona con la estrategia partidaria, con la organización del partido y con un fuerte liderazgo que llevaron a Yrigoyen a su primera presidencia nacional en 1916. Para ello debe considerarse como el cambio institucional más relevante la reforma electoral de 1912 que hizo secreto y obligatorio el voto para todos los varones argentinos de más de 18 años de edad, y adoptó el sistema electoral de lista incompleta permitiendo la representación de los partidos minoritarios. Otro dato importante de la UCR Yrigoyenista fue la adopción de la abstención electoral como bandera partidaria hasta la reforma de 1912.
Yrigoyen también le imprimió al Partido Radical un tipo distintivo de conducción. La confrontación abierta, la retórica vociferante, el acto público multitudinario y los discursos polémicos de la década de 1890 fueron reemplazados por la dirección silenciosa del actual conductor. Por lo tanto, algunos elementos de la original UCR sobrevivieron el siglo XX, incluidos su nombre, sus símbolos, su retórica moralista, su forma de organización interna en comités y convenciones y su renuencia a formar alianzas con otros partidos. No obstante, los cambios en su conducción y en el contexto político, económico y social de las primeras décadas del siglo XX, evidencian un contraste significativo entre ambos períodos del partido.








