La Copa del Mundo ha ingresado en una profunda turbulencia institucional que trasciende lo deportivo. En una resolución inédita, la FIFA decidió dejar en suspenso la sanción automática por tarjeta roja al delantero estadounidense Folarin Balogun , permitiéndole jugar el crucial duelo de octavos de final de este lunes contra Bélgica.
El atacante, pieza clave para Mauricio Pochettino, había sido expulsado por el árbitro brasileño Raphael Claus en el minuto 64 ante Bosnia-Herzegovina tras un pisotón sobre Tarik Muharemovic. Aunque la normativa vigente exige la inhabilitación inmediata para el siguiente partido , el panorama cambió drásticamente tras la intervención del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Trump reveló públicamente haber solicitado una revisión a la FIFA tras considerar que la expulsión «fue injusta». «Vi la jugada… Eso no fue una falta» , afirmó el mandatario, quien además tildó de «sospechoso» el historial del juez Claus.

Esta polémica medida desató la indignación del fútbol europeo. A través de un severo comunicado, la UEFA acusó directamente a la FIFA de quebrantar los principios de equidad, transparencia y certeza jurídica del torneo , abriendo una grieta institucional sin precedentes en la máxima cita del fútbol.






