El Foro de Ciudadanos comparte las conclusiones donde sostienen que Las Varillas fue fundada el 26 de marzo de 1976.
Introducción: El dilema de los 75 años perdidos. Durante décadas, Las Varillas ha habitado una suerte de grieta biográfica, navegando entre dos fechas (1900 y 1903) y dos figuras que se disputan el bronce del fundador. Esta dicotomía no representa un simple desfase cronológico, sino un enigma de identidad que ha llevado a la comunidad a una situación casi irónica. Como bien apuntaba el historiador Carlos Ferreyra, la falta de consenso ha privado a los vecinos de décadas de celebraciones por estar demasiado ocupados
discutiendo el pasado en lugar de celebrarlo. Hoy, la ciencia histórica se propone cerrar esa herida narrativa con la precisión del documento y el rigor del método.
No es lo mismo el nombre que el pueblo: El error de origen Para despejar la bruma, es imperativo establecer una distinción técnica que el sentido común suele obviar: el origen del nombre no es, bajo ningún concepto, el origen de la ciudad. Que un topónimo como «Las Varillas» aparezca en mapas
antiguos o que existan pobladores rurales dispersos en la llanura son antecedentes valiosísimos, pero no constituyen una fundación.
El nacimiento de una localidad exige la transición del paraje a la urbe, marcada por la voluntad de la «vida en comunidad» y el proceso de amanzanamiento. Como advierte el marco teórico de la investigación: «El origen del nombre es un antecedente buenísimo, un dato curioso… pero no es el origen de la ciudad»
Lo que define la identidad urbana es el diseño de calles y lotes, ese eje vertebrador que transforma el desierto en un núcleo de convivencia organizada.
La «prueba reina»: Donación del 26 de marzo de 1903 La investigación arroja una luz definitiva mediante lo que en historiografía denominamos evidencia de «Categoría 1»: la escritura de donación de tierras de
José Medardo Álvarez a la compañía ferroviaria francesa. A diferencia de la fecha de 1900 —una «presunción» adoptada en un decreto municipal de 1950 para alinear los festejos con el «Año del Libertador General San Martín»—, el documento de 1903 es unívoco. En él, el propietario no solo entrega el suelo, sino que manifiesta la voluntad expresa de «formar un pueblo».
Este hito se inserta en una cronología ferroviaria que otorga sentido al territorio: 1901: Sanción de la Ley Nacional para la construcción del ramal San Francisco – Villa María.
1902: La traza se proyecta por el área de lo que hoy es Las Varillas. Se identifica el sitio como «Parada Kilómetro 81». Se comienza a construir el ramal desde San Francisco. 1903 (26 de marzo): Firma de la escritura con intención fundacional explícita.

El Fundador «Invisible»: José Medardo vs. Medardo hijo La memoria colectiva suele ser selectiva y, a menudo, prefiere el rostro visible sobre el rigor del documento. Por años, Las Varillas señaló a Medardo Álvarez Luque como su fundador, confundiendo la gestión cotidiana con la propiedad legal de la tierra.
Hijo del dueño, Medardo era «el médico», el vecino ilustre que trataba dolencias y presidía instituciones. Su ubicuidad en la vida social eclipsó la figura de su padre, José Medardo Álvarez, quien residía lejos de los campos que darían vida al pueblo.
Sin embargo, el derecho es tajante: la voluntad fundacional emanó del padre. A través de un Contrato de Mandato, José Medardo delegó en su hijo la ejecución de su visión, manteniendo la titularidad de los suelos hasta el final de sus días. El testamento de 1909 y la Hijuela del Quinto —ese veinte por ciento de libre disponibilidad— confirman que Medardo hijo fue un loteador y benefactor, pero el
«padre de la criatura» legal es José Medardo.
Sector Berta Besenot/Ravenet: El loteo de 1905, gestionado por la esposa del
constructor ferroviario. Sector Ferrocarril Central Argentino: La expansión de 1912 vinculada a la
segunda línea férrea. Es vital distinguir aquí al loteador (quien vende parcelas) del urbanizador (quien
desarrolla la infraestructura); en Las Varillas, estos roles se entrelazaron para dar
forma al diseño que hoy habitamos.
- Conclusión: Una identidad basada en la evidencia
Recobrar la partida de nacimiento no es un capricho de archivos empolvados; es
un acto de justicia hacia la memoria compartida. El ordenamiento de la
conversación pública a través de documentos permite que una comunidad deje de
tropezar con sus propias dudas para caminar con paso firme hacia su futuro.
La evidencia es concluyente: el 26 de marzo de 1903 representa el instante en que
la voluntad humana y la ley se unieron para fundar un destino.






