Mónica Ocaña, instructora y profesora de yoga, dirige Shanti, un espacio dedicado específicamente al yoga para niños. El yoga, una disciplina milenaria que busca la unión de cuerpo, mente y espíritu, se adapta para niños de manera lúdica y a través del juego.
Precisó en diálogo con EL HERALDO que la respiración es clave para regular las emociones y el sistema nervioso, tanto en niños como en adultos. Se enseña a inhalar y exhalar por la nariz, colocando una mano en el corazón. Un juego común es imaginar que se infla y desinfla un globo, visualizando colores para que los niños lo hagan «carne».
El espacio permite a los niños expresar sus emociones (enojo, tristeza) y luego usar la respiración o herramientas como pelotas para tranquilizarse, aprendiendo que es válido sentir, pero también regresar a la calma.
Abarca desde los 3 hasta los 12-13 años. Los niños de 3 años asisten miércoles 45-50 minutos, de 4 a 7 años, dos veces por semana, 1 hora por día. De 8 a 12-13 años dos veces por semana, una hora y media por día.
Los beneficios y cambios que se observan son aumento de la flexibilidad; crecimiento personal y emocional, superación de la timidez y mayor soltura; mejora en la expresión de sentimientos, mayor conciencia corporal y superación de la vergüenza por no «hacerlo bien»; desarrollo de la autoayuda y el apoyo mutuo entre compañeros.
Mónica destacó que los niños son más auténticos; si no tienen ganas de hacer una postura o relajar, lo expresan. Se les permite no participar, pero se les pide silencio para respetar a quienes sí desean relajarse. Se fomenta el respeto mutuo.
Asimismo, realizan actividades de concentración como por ejemplo observar una vela en ronda que es una práctica efectiva para niños pequeños, ayudándolos a «bajar un cambio». Pasar al menos dos veces por semana sin pantallas es un gran beneficio para el cerebro de los niños. El consejo para los padres es que dediquen al menos dos minutos diarios a juegos de respiración en casa.









