Un comercio familiar que cumplió cincuenta años y conserva la magia del almacén de barrio

El 13 de enero pasado se cumplieron 50 años desde que abrió el Autoservicio Longo, después Nuestra Señora del Rosario.

La familia de Neli Dalmasso y Alfio Longo, junto a sus dos hijas, decidieron ir a vivir al pueblo de Las Varillas, dejando la actividad en el campo y poner una pequeña despensa, por lo cual al buscar un lugar para instalarse encontraron disponible la esquina de Independencia y Antártida, mudándose luego a Independencia 485 donde está actualmente.
“Sabíamos que la gente que estaba ahí quería vender el negocio, vinimos una noche a ver y nos encantó, por eso compramos el negocio, pero no el local. Mi hermana se vino un mes antes, estuvo viviendo inclusive con la gente del negocio, para que aprendiera y viera cómo era, hasta que nos vinimos todos”, expresó.

Recordó que en ese entonces en la zona donde tenían el comercio había muy pocas casas, estaba la Pastelería Roma, por eso tiene muy buenos recuerdos de la familia Mainero. En su caso particular con 10 años ayudaba en el negocio, y aunque posteriormente estudió un Profesorado, fue muy poco lo que ejerció ya que lo que en realidad le gustaba era el comercio, por eso le dijo a su papá que cuando pudiera se lo iba a comprar, lo cual sucedió en el año 2000 junto a su esposo, quien falleció poco tiempo después (a los seis meses) y a pesar de ello Susana, junto a sus dos pequeños hijos continuó sola, con ayuda de sus padres, aunque al año siguiente también falleció su papá, y en la medida de lo posible con alguna persona que trabajaba con ella.

Destacó que el negocio fue cambiando a lo largo del tiempo, ya que durante mucho tiempo fue multirubro que incluía la venta de ropa, juguetes, hasta que, con la instalación de otros negocios de vecinos amigos, se fue quedando con autoservicio, que se mantiene hasta la actualidad.
Aunque está muy feliz de haber llevado adelante su negocio durante tantos años, hubo momentos complejos que tuvieron que ver con los vaivenes de la economía, como el caso puntual de 2001 que fue “difícil”, pero precisó que siempre mantuvieron las libretas de los clientes. “Nos quedábamos con Analía Belén hasta muy tarde atendiendo, siempre tratamos de mantener los precios, porque tengo libretas del 2000 hasta la actualidad, siempre tratamos de cuidar el cliente, tratamos de aguantarlos, fue difícil, ayudarnos entre todos”, comentó.


Esto lo pudo comprobar cuando se le incendió el local, en diciembre de 2016. Cuando habla de aquel momento se emociona ya que fue a la madrugada, alrededor de las 7 de la mañana pasó el sereno de la empresa Pauny y le avisó que veía que salía humo, por lo cual inmediatamente llamó a la gente del corralón municipal que le queda cerca quienes asistieron al mismo tiempo que llegaban los bomberos voluntarios y entre todos pudieron sofocar el fuego.
Los daños habían sido muy importantes, pero reconoce que sin el accionar inmediato que hubo, podría haber sido peor.

Como consecuencia se habían quemado completas dos heladeras, incluso ella con su hijo pudieron bajar, ya que viven en la parte superior del edificio, sin mayores consecuencias para su salud. “Era 28 de diciembre, así que atendía como podía, Luis Barbieri que me ayuda por la tarde y un cliente, me ayudaron muchísimo para poder atender en la medida de los posible, y el bombero Javier Torletti se dio cuenta que la caja de las libretas era importante y la pudo sacar, y una la que se quemó era de una clienta que había estado de vacaciones (la nombro porque se lo merece: “Pupi” Sebaste), había gastado mucho menos sin embargo me dio el doble de lo que había gastado el mes anterior para ayudarme. Por eso estoy muy agradecida porque la gente me ayudó mucho siempre”, expresó.

Aseguró que si volviera a nacer elegiría hacer lo mismo, porque es algo que disfruta y le gusta, tanto sea por la administración que implica llevar adelante un negocio, con las compras, las ofertas que se pueden observar en el pizarrón escritas a mano afuera del local, como esos comercios de barrio que todavía mantienen cierta magia ante tanta tecnología, y por el desafío que implicó para ella poniendo esfuerzo, trabajo, dedicación, sabiendo que era lo que le permitió poder criar a sus hijos y brindarles posibilidades de desarrollo.
Susana es una agradecida de la oportunidad que le dieron sus padres y hermana, y luego su esposo e hijos, quienes siempre la acompañaron, pero sobre todo la gratitud mayor es para los clientes y la gente que la ayudó a salir adelante en momentos complejos, y afirma que mientras pueda continuará atendiendo y a cargo del autoservicio, porque es su pasión.

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