Según estimaciones privadas, si se hubiera utilizado la canasta actualizada que el equipo económico optó por no implementar, el IPC habría resultado superior al informado ayer por el Indec.
La inflación en junio fue de 1,9% y acumuló un alza de 33,5% en los últimos 12 meses. (EFE/ Juan Ignacio Roncoroni)
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informó el martes que la inflación correspondiente a junio alcanzó el 1,9 por ciento. No obstante, si se hubiera utilizado la versión revisada del Índice de Precios al Consumidor (IPC), cuya entrada en vigencia fue suspendida a principios de año sin fecha definida, ese porcentaje había sido levemente mayor.
El Gobierno había anticipado la actualización de la metodología del índice a comienzo de año, pero decidió frenarla en febrero, coincidiendo con la publicación de los datos de enero. Esta decisión derivó en la renuncia de Marco Lavagna, quien se desempeñaba como director del Indec. El nuevo esquema metodológico otorgaba mayor relevancia a servicios públicos y transporte dentro del IPC, dos sectores cuyos valores aún requieren ajustes para corregir distorsiones pasadas.
“Con el IPC actualizado por la ENGHo 2017/18, la inflación de junio habría sido 2,1%, acumulando 18,0% en el primer semestre (frente al 16,8% que muestra INDEC)”, definieron desde la consultora Equilibra. “Esta estimación la realizamos con la mayor apertura posible del IPC Nacional y con base 2025=100, mientras que a nivel 12 capítulos la inflación arrojaría 2,0%”, detallaron sobre el análisis técnico.
La actualización postergada suponía reemplazar la canasta de consumo basada en datos de 2004 por otra elaborada a partir de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017-2018. El objetivo no era rea
lizar una medición completamente nueva, sino reflejar de modo más preciso los hábitos actuales de consumo de la población.







