La familia integrada por Roberto y Mariela, poco a poco pasan la posta a sus hijos, Ernesto y Federico, en un negocio que celebra 70 años de trayectoria, una historia construida de generación en generación y marcada por la cercanía con sus clientes, la calidad y la confianza.
El negocio nació en 1956, cuando los padres de Roberto comenzaron con un pequeño taller de composturas en calle Belgrano 54. En 1961 se trasladaron a un local de calle Vélez Sarsfield, donde permanecieron durante 33 años. Con el paso del tiempo se incorporaron nuevos integrantes de la familia y distintas generaciones fueron tomando responsabilidades. En 1994, Joyería Tissera se mudó a Luque 41 y, posteriormente, tras el fallecimiento del padre de Roberto, la familia decidió adquirir el actual local. En 2016 comenzó una nueva etapa comercial en el actual local de calle Italia.
La llegada de Mariela en 2001 significó también un proceso de renovación, con mejoras en las instalaciones, incorporación de tecnología, nueva mercadería y una actualización de la imagen del negocio. Hoy, la nueva generación, integrada por Ernesto y Federico, aporta una mirada joven y nuevos proyectos, mientras recibe de sus mayores conocimientos y valores construidos durante décadas.
Para la familia Tissera, la confianza es el principal patrimonio. La premisa es ofrecer productos de calidad y trabajar con honestidad, evitando engaños y priorizando siempre la satisfacción del cliente.
A lo largo de siete décadas, la joyería también construyó una clientela fiel, en muchos casos formada por varias generaciones de una misma familia. Más que vender joyas y relojes, aseguran que venden ilusiones, recuerdos y momentos que permanecen para toda la vida.
En un mercado atravesado por las nuevas tendencias, las redes sociales y la cultura del descarte, Joyería Tissera apuesta a sostener su identidad. 70 años después, el apellido Tissera continúa siendo sinónimo de tradición, calidad y confianza.





