ENTREVISTA. Héctor Laca es un empresario exitoso, que comparte su inspiradora trayectoria desde orígenes humildes hasta convertirse en un líder en el sector agroindustrial, destacando la importancia de la visión, el trabajo duro y una estrategia empresarial única.
Desde los 13 años, dejó su hogar impulsado por el deseo de no ser pobre y un espíritu «muy rebelde». Enfatiza que el éxito no se logra de la noche a la mañana. A pesar de no tener estudios universitarios, adquirió una base sólida trabajando 13 años en la represa de Salto Grande y en varias empresas privadas. Aunque su sueño inicial fue ser un cantante famoso, no tuvo éxito en ese ámbito.
Desde joven, su destino claro era Córdoba, a la que considera la capital ideal del país por su ubicación central, universidades y una idiosincrasia innovadora. Ha vivido la pobreza y hoy vive en la abundancia, pero afirma que esto no lo ha cambiado. Valora haber pasado por todas las etapas y no cree que la pobreza sea inherentemente mejor.
FACYT, su empresa, comenzó hace 30 años con un sueño y 1.500 dólares prestados, algo que hoy le parece «de película». Recientemente inauguró una nueva fábrica en Laguna Larga, en un terreno que hace 25 años era un campo de soja y ahora es un parque industrial, el cual ayudó a construir.
El sector agropecuario fue una elección natural, dada su crianza en el campo. Identificó la necesidad de insumos de rotación continua y el potencial de un modelo de negocio diferente. Rompió con el esquema tradicional de venta al agricultor. En lugar de que los productores fueran a las agroquímicas, FACYT les brindaba un servicio directo en sus hogares, con visitas y laboratorios móviles para análisis, lo que generó un fuerte impacto y los impulsó.
Su publicidad principal es el sistema de venta directa. Cuentan con 85 camionetas en todo el país, con personal que visita y atiende a los productores cara a cara.
Percibe que los jóvenes de hoy son impacientes y buscan resultados inmediatos y comodidad. Cree que la educación y los estilos de liderazgo deben evolucionar para entusiasmar a las nuevas generaciones, dejando atrás los jefes que gritan.







