La semana pasada el INDEC dio a conocer los últimos datos de desocupación, referidos al primer trimestre de 2025, donde 315 mil personas perdieron el trabajo, siempre hablando de trabajadores registrados, lo cual si pensamos en la informalidad y la caída registrada (también con cifras oficiales) en otros rubros de la economía, lo hacen más alarmante aún.
La cifra indica que la tasa creció 1.5 puntos porcentuales con respecto al último trimestre de 2024, es decir escaló al 7.9 por ciento, siendo el valor más alto desde 2021, cuando concluía la pandemia.
A pesar de que la economía se estaría recuperando, esos signos no se evidencian en la realidad cotidiana, ya que la percepción de una gran parte de la población es que se deteriora el mercado laboral, retrocede la formalidad, y por ende sufren los ingresos.
Si bien, una incipiente recuperación de la actividad económica tendría que generar justamente la situación contraria, es decir, creación de empleo y mejora en los ingresos.
El mayor nivel de desempleo se observa, según el INDEC, en los grandes conglomerados urbanos: los aglomerados urbanos con mayor nivel de desocupación fueron Gran Resistencia (11%), Gran La Plata (9,9%), Gran Buenos Aires (9,1%); Corrientes (8,9%); Gran Córdoba (8,2%) y Gran Santa Fe (8,1%). Por otra parte, en Gran Córdoba, la cifra es más alta, aunque el incremento es menor. Así la desocupación pasó del 8% al 9,2%, con una subida de 1,2 puntos.

El desempleo, de esta forma, afecta a poco más de 1,1 millones de personas en los 31 conglomerados urbanos que releva el INDEC y escala hasta 1.791.430 personas si la cifra se proyectara al conjunto de la población a lo largo y ancho del país.
El estudio del INDEC resulta coherente con los datos del informe que difundió hoy el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) basados en los registros de la superintendencia de Trabajo que demuestran la destrucción de 13.862 empresas entre noviembre de 2023 y marzo de este año y la pérdida de más de 210 mil puestos de trabajo registrados en el período.

Si hacemos un poco de historia, desde 1983 hasta la actualidad las tasas más altas de desempleo, según un estudio de Orlando Ferreres, con datos tomados desde el INDEC, creció durante los últimos años del gobierno de Carlos Menem, donde llegó al 17,2 por ciento en 1995, llegando al máximo de 19,7 en 2001 durante el gobierno de Fernando De la Rúa, desde ahí en adelante comenzó a bajar a un dígito, el nivel más bajo se ubica entre 2010 y 2011 con 7,1 por ciento en la presidencia de Cristina F. de Kirchner.
Por ahora y de cara a las elecciones de medio término de octubre, con proyectos serios de reformas que el gobierno quiere poner en agenda en el menor plazo posible, como reforma laboral e impositiva, lo que puede mostrar como dato positivo es haber bajado la inflación, perforando el piso del 2 por ciento mensual, pero el futuro no está claro para lo que se viene en cuanto a otros indicadores como el desempleo, por lo tanto si las expectativas en este sentido no son alentadoras para los trabajadores formales, ¿qué pueden esperar aquellos que trabajan en la informalidad?.
El tema está planteado y sin dudas que es uno de los mayores desafíos pensando en el futuro.






