Respuesta a la solicitada del Centro de Estudios Históricos Parada KM 81, publicada el miércoles 17 de diciembre de 2025, en la página 19 de este Semanario

Dr. Roberto B. A. Palmero. Abogado. M.P. 5-2. Roque Sáenz Peña N° 166.

Leí ese infamante libelo y quedé estupefacto, perplejo.

Hoy, después de haberlo releído muchas veces, y sin que las heridas en mi honor hayan cicatrizado, respondo esa lacerante fantasía, causante de mi actual estado de ánimo desde su publicación, que ha lesionado mi dignidad y la de mi familia; y producido un daño moral que es una lesión a mi integridad espiritual, que exige reparación.

En nuestro Derecho Penal, la honra, que se refiere a la dignidad y al buen nombre de una persona; a la autoestima (honra subjetiva), y a la reputación y buen nombre en la sociedad (honra objetiva), están protegidas de los delitos de calumnia (imputar falsamente a alguien de un delito – art. 109 C.P.-); y de la injuria (deshonrar o desacreditar intencionalmente sin imputar un delito – art. 110 C.P.-).

Pero la dignidad humana no es el único bien jurídico protegido de estos delitos; ya que, aunque parezca contradictorio, esta tutela de la honra, implica también un límite a la libertad de expresión, puesto que lo que pretende evitar, es que se utilice a ella para dañar a otros.

Por su parte el Código Civil y Comercial de la Argentina, establece en los arts. 1737 y siguientes, que el daño moral es resarcible.

En este terreno, el honor se protege a través de la responsabilidad extracontractual. Y el daño moral se refiere a la afectación a la dignidad o al honor de una persona. Es la consecuencia de la lesión de un derecho personalísimo, como lo son el honor, la intimidad o la imagen.

Aquí no se busca que se sancione a los autores del delito; sino que se protege el daño moral, y se pretende que se repare el perjuicio sufrido a quien ha sido afectado por el.

Soy uno de quienes le han solicitado al Sr. Intendente, que trajese a los Sres. Carlos Ferreyra y Sergio Marchetti, ya que le propuse sus nombres. Y lo hice convencido de que eran expertos en el tema que iban a desarrollar, donde podrían lucir sus grandes conocimientos, y promover nuestro aprendizaje al respecto. Decisión de la que no me he arrepentido, ni me arrepentiré. Por el contrario, me siento orgulloso de haberla tomado.

Así como el “Concejo Deliberante había convocado con anterioridad” a un panel para que diera su punto de vista sobre el tema en cuestión, él consideró –ante mi cansadora insistencia-, de que había historiadores y estudiosos que tenían documentos auténticos, que probaban cuál era la fecha de fundación de nuestro pueblo, y quien era su único y verdadero fundador; que creía pertinente que se los escuchase, si es que ello aportaba una solución al problema existente desde 1950, en el primer caso; y desde años después,  en el segundo.

Queda claro que nada tuvo que ver la autoridad municipal con la elección de los oradores, que como lo expreso: fue mía.

Sí, con la autorización, que obviamente fue suya. Y que la dio, reiterando que su motivación, era la de coadyuvar a que se encuentre una solución a la divergencia existente desde hace larga data.

Nos facilitó –como en el caso anterior- el salón municipal. Y la inestimable colaboración de la Directora de Cultura Sra.  Viviana Sacavino –y su personal-, sin cuya presencia y dedicación nada hubiese sido posible.

Los viáticos fueron solventados por un ciudadano que solicitó que su nombre no trascendiera. Y el resto de los gastos, por cuatro colaboradores con el mismo requerimiento.

A todos ellos les reitero mi agradecimiento.

Se efectuó una abundante invitación pública, en la que colaboraron algunos medios locales, donde se dio a conocer, el extenso currículum de los oradores, que disertaron el jueves 20 de noviembre de 2025, en el que se afirmaba que tenían una reconocida trayectoria profesional, y un conocimiento previo de la historia local y regional. Él, le fue entregado personalmente a Viviana, quien le dio la publicidad pertinente a través del Departamento de Cultura Municipal, como siempre hace.

Además, fue enviado por mí, vía WhatsApp, a un considerable número de varillenses, a quienes invité a que concurrieran. Asimismo, apareció en distintas plataformas mediáticas.

El libelo al que me refiero, tiende a desacreditar la información que dimos sobre ellos: “… “los prestigiosos” panelistas que hace pocos días han traído a Las Varillas para que, dogmáticamente se pronunciaran sobre nuestra historia…”; los que “…con un revisionismo histórico local propio de quienes dictan una hipótesis no como conjetura, sino como pretendida certeza, hasta infalible, llegan a conclusiones que previamente se han preceptuado…”.

Y catorce renglones más abajo declaran de manera procaz, descaradamente, que: “es de creer que de calificarlos a aquellos de “prestigiosos” es la atribución que le brindaron quienes pactaron con ellos su posición para imponerla con rigidez incuestionable sobre nuestra historia local”.

De su simple lectura, se advierte que me imputan haber pactado con quienes fueron los disertantes, “las conclusiones que previamente se han preceptuado”.

Me están acusando públicamente, de que he salido a contratar –no sé cómo llamarlos-, a: cuentistas; inventores de historia; narrólogos; creadores de contenidos; mitomaníacos; especialistas en narrativa; creadores de historias a medida, etc., para que por un precio acordado en dinero ¿? (o vaya uno a saber, porque otra contraprestación de mi parte ¿?), vinieron a decir lo que yo quería que dijeran.

Jamás en mi vida pública me han insultado tan solapadamente, pretendiendo que el agravio sea aún más gravoso, sin que él se perciba claramente.

Es un insulto sutil, bien disimulado, que pretende herir, lastimar sin ser evidente. Pasar inadvertido, como si no hubiese sido escrito.

Aunque no me nombraron en la injuriante nota de referencia, no queda duda alguna de que claramente he sido individualizado, porque era de público y notorio conocimiento quienes habían traído a los oradores.

Pues bien, la Justicia Penal decidirá si le son aplicable los arts. 109 y 110 del C.P., o los que correspondieren, ya que allí, les iniciaré la querella o denuncia, reclamando la investigación y eventual sanción en contra de los responsables de la solicitada.

Es por ello que le solicito a quien haya entregado el texto a publicarse en El Heraldo, tenga a bien -ya que conozco a algunos, no a todos- identificar públicamente a los integrantes del Centro de Estudios Históricos Parada KM 81, a la fecha de su publicación, con nombres, apellido, DNI y dirección actualizada para incoar mi denuncia en contra de cada uno de ellos. Requiérole que lo haga por el mismo medio utilizado para agraviarme, a la brevedad posible.

Eventualmente los demandaré en sede civil, donde reclamaré por la compensación sufrida en mi honor y sentimiento; además de las disculpas públicas que les correspondieren.

Han afirmado que los oradores traídos: “…inquisitorialmente descalifican, o soslayan, lo que un historiador no haría, la impronta de la tradición y la mandan a la hoguera…”. Por el contrario, se explayaron sobre el tema con detenimiento, y nos explicaron cuando ella debe ser considerada. Y cuando y cuales documentos la sustituyen; ya que éstos son los que deben ser los considerados por cualquier historiador, para determinar la fecha de fundación de un pueblo, y a su verdadero fundador.

Así fue que, explicaron que el propietario de los terrenos destinados a vías y estación ferroviaria, a favor de la Compañía Francesa de los Ferrocarriles de la Provincia de Santa Fe, don José M. Álvarez, escrituró la donación de los mismos en la escribanía de don Ercolino Conte en Villa del Rosario, el día 26 de marzo de 1903. Que en ella, su mandatario –el Dr. Medardo Álvarez Luque- según poder que su Sr. padre le confirió el 18 de agosto de 1902 por ante el mismo escribano, elevó a escritura pública un boleto de donación de terrenos que su Sr. padre, propietario de los mismos, y su mandante, hacía en el Paraje Laguna de la Vaca, departamento San Justo, a favor del Sr. Verdán, representante en dicho acto de la Compañía Francesa.

En él, el mandatario de don José, expresó que “esta donación la hacía su padre, respondiendo al compromiso formal por parte de la empresa de ubicar una estación de ferrocarril en lugar y posición anteriormente deslindado, y que había ya tomado disposiciones, en el sentido de formar un pueblo en terreno de su propiedad”.

Continuaron explicando que, ese documento público, no dejaba ninguna duda de la fecha en la que debía considerarse cuando Las Varillas nació, y menos de quien era su fundador.

En su consecuencia, afirmaron que el 26 de marzo de 1903, se fundó nuestro pueblo. Y que su fundador fue don José M. Álvarez. Que ello era incontrastable; esto es: “que no se puede refutar o contradecir con razones o argumentos sólidos”.

Expusieron que entonces, se denominaba loteador a quienes ampliaban el loteo original que había dado nacimiento al pueblo;  y que así se debía adjetivar al Dr. Medardo Álvarez Luque: loteador. Y también benefactor, que son aquellas personas que aportaron y colaboraron con la creación de instituciones;  y/o que apoyaron de un modo u otro, el crecimiento del pueblo.

Pero reiteraron que el fundador, fue Don José M. Álvarez; y que el pueblo nació en la fecha supra mencionada.

Cada argumento que presentaron fue respaldado por documentos que exhibieron.

En el resumen del historial académico y laboral de quienes fueron llamados “Ferreyras y Marchettis”, se afirmó “que tenían una reconocida trayectoria profesional y un conocimiento previo de la historia local y regional”.

Ello quedó evidenciado cuando concluyeron sus respectivas intervenciones, las que fueron saludadas con un efusivo y prolongado aplauso.

La numerosa concurrencia, puede dar fe de ello. Y estoy convencido que llegado el momento, así va a proceder.

Titularon su insultante solicitada: “Nuestro criterio sobre los orígenes de Las Varillas”.

Es una lástima que ninguno de quienes conforman el Centro Histórico que la publicó –al menos de quienes conozco, hayan estado presentes-. Porque: ¿qué mejor oportunidad para expresar y sostener su parecer?.  ¿Qué mejor ocasión, para mirando a los ojos a los “Ferreyras y Marchettis”, haber refutado sus afirmaciones; impugnado sus documentos; contradiciendo con argumentos probados, que lo que ellos sostenían eran conclusiones inventadas que previamente habían sido pactadas con quienes los habían traído?

¡Qué coyuntura desperdiciada!

Pero sucedió que varias de las personas que sí estuvieron esa noche, no opinaron ni opinan como yo. Descreen que haya sido una coyuntura desperdiciada; sino que piensan que fue una decisión tomada en conjunto; porque: ¿cómo iban a rebatir tanta constatación de hechos documentados? Según ellos, conocían la preparación de quienes venían a exponer nuestra Historia; por lo que lo mejor fue hacer lo que hicieron: meter el violín en bolsa.

Con el transcurso de los días, con el cometario anterior dando vueltas por mi mente,  recordé a Arthur Schopenhauer: cuando sostuvo que, “toda verdad pasa por tres etapas fundamentales antes de ser aceptada: primero es ridiculizada, segundo recibe una oposición violenta y,  finalmente se la considera obvia o evidente”.

“Esta idea describe el proceso de asimilación de nuevas ideas revolucionarias, que inicialmente son descartadas por absurdas, luego  resistidas con fuerza por quienes ven amenazados sus paradigmas, para finalmente ser incorporadas como conocimiento fundamental”.

Hoy, más que nunca, recuerdo a Don José “Pepe” Basso, y su denodado esfuerzo plasmado en su página Defensa de la Verdad Histórica, donde hace “…el proceso del caso en tres capítulos…, sobre La Fundación del pueblo de Las Varillas”.

De esa hoja, que estuvo en cada hogar varillense, y que personalmente entregó a la casi totalidad de los asistentes a los festejos del cincuentenario, que se estaba inventando en ese momento, rescato éste, su pensamiento: “Para hacer historia es decir, descripción cronológica de hechos, en primer término es menester que se ponga en la tarea una intención definida, clara y honesta. No se puede servir a ningún otro interés que no sea la verdad.

Y este “cincuentenario” que se quiere celebrar en Las Varillas, no representa la verdad. Responde a cualquier otro fin menos a la realidad histórica”.

Y tenía razón don Pepe, ya que no es con falsedades con lo que se construye la historia.

Con otras palabras, estaba expresando el siguiente refrán popular anónimo: “la verdad es la única cosa que no se puede inventar”.

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