EDITORIAL. Juventud en crisis. La violencia de algunos actos nos interpela como sociedad

Hace algunos días se hizo viral un video de una golpiza que estaba recibiendo un joven, que se podría ver en el suelo en posición de defensa, con las manos tapándose la cara, y un grupo de otros jóvenes que le pegaban golpes de puño y puntapiés. Escena que se pudo comprobar ocurrió en la galería del Registro Civil de Las Varillas, de noche, con vestimenta informal incluso se observa una bicicleta a lo lejos tirada en el suelo, lo que hace suponer que no se trataba de un fin de semana sino de otro día.

Lo más llamativo es que no hubo denuncia ni tampoco advertencia de que estaba ocurriendo el hecho ni en la policía provincial, ni a la guardia urbana, por lo tanto, cuando se conocen las imágenes y se viralizan la policía decide realizar una denuncia de oficio y por lo tanto la Fiscalía deberá impartir las directivas para investigar qué ocurrió, cuándo y por qué.

Aunque hay avances investigativos, con identificaciones de los involucrados, esto se refiere a la parte policial y judicial, tal vez acá lo más importante sería poner el foco en por qué suceden estas cosas, cómo se llegan a estas instancias, preguntas que seguramente se están haciendo por estos días en la escuela de San Cristóbal en Santa Fe, donde un adolescente de 15 años llevó un arma al colegio y luego de varios disparos, terminó con la vida de otro, de 13 años.

No se pueden comparar ambos casos en el hecho en sí, pero tal vez puedan tener algún punto de conexión en la manera en que estamos viviendo como sociedad, qué sienten los niños, adolescentes, jóvenes, cuál es su estado emocional cuando atraviesan situaciones complejas a nivel familiar, económico o social, porque remitirnos a que solamente esto sucede con los sectores más vulnerables, podría ser una equivocación, ya que los conflictos sociales en la actualidad atraviesan a todos los sectores sociales.

La otra pregunta es ¿si esto es un problema nuevo o viene de años? Posiblemente la respuesta más acertada es que no es nuevo, sino que era más aislado o sucedía menos. Pero lo cierto es que la gravedad de este tipo de hechos no ha formado parte de la agenda política.

La conflictividad social y lo que puede estar atravesando un niño o adolescente, no forma parte de la creación de leyes o programas que los contengan. Las escuelas, los equipos de salud, los equipos interdisciplinarios, hacen lo que pueden, trabajan sobre la consecuencia. No está ni siquiera en el panorama de nadie lo que significa la “educación emocional”, claro que esto no es una regla igual para todos, pero probablemente podría ayudar a tener algunas herramientas para poder advertir situaciones como casos de bullying, malas conductas, la pelea dentro y fuera de la escuela, la escuela es una caja de resonancia de lo que sucede en la sociedad. Lo concreto es que la agenda política, preocupada por quien grita más fuerte para tener razón o conseguir algo, especialmente candidaturas, no está incluyendo estas cuestiones que ya no parecen ser casos aislados, o de grandes ciudades. Evidentemente no son cuestiones menores, pero para que se haga algo la sociedad tiene que primer entender el problema, que sin dudas termina siendo de todos, no del otro, como se suele escuchar.

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