El acuerdo Mercosur-Unión Europea obliga a cambiar nombres de varios quesos argentinos por protección de denominaciones de origen

Por qué quesos como parmesano, gorgonzola o gruyère deberán adoptar nuevas denominaciones en Argentina tras el pacto comercial con la UE

El reciente acuerdo Mercosur-Unión Europea, firmado en enero de 2026, incluye disposiciones clave sobre propiedad intelectual que impactan directamente en la industria quesera argentina. La Unión Europea logró proteger una lista de alrededor de 350 indicaciones geográficas (IG) y denominaciones de origen protegidas (DOP), lo que impide el uso de nombres vinculados a regiones europeas específicas en productos no originarios de esas zonas.

Entre los quesos más afectados se encuentran el Parmigiano Reggiano, el Grana Padano, el Gorgonzola, el Provolone Valpadana, el Gruyère y otros similares. Estos productos europeos podrán ingresar al mercado del Mercosur con arancel cero en una cuota de hasta 30.000 toneladas anuales, manteniendo su denominación original gracias a la sólida protección legal acordada.

Desde hace años, las negociaciones —iniciadas al menos en 2015 y con avances durante la gestión de Mauricio Macri— incluyeron este punto como uno de los más complejos. Expertos consultados explican que la UE exigió la eliminación gradual o total del uso de estas denominaciones en el Mercosur. En algunos casos, se contemplan excepciones transitorias para empresas que demostraron producción previa a fechas específicas (como 2012 o 2017), permitiendo su continuidad bajo ciertas condiciones, aunque las nuevas marcas ya no podrán adoptar esos nombres.

Juan Mendoza maestro quesero

Juan Mendoza, maestro quesero de Lácteos Azul (Toro Pujio, Córdoba) y ganador de premios mundiales, ve esta restricción como una oportunidad positiva. “Sería lo mejor que nos puede pasar que no nos permitan utilizar esos nombres”, afirma. Recuerda experiencias previas, como el cambio de “roquefort” a queso azul o “champagne” a espumante, y destaca que hace tiempo se impulsa denominar los quesos con referencias regionales argentinas. Sus productos llevan nombres únicos: queso azul Gourmet, queso Mariello (inspirado en el Cabrales asturiano), queso Stracco (alusión al Gorgonzola italiano, pero con historia propia de desarrollo) y queso Quadratto (por su formato cuadrado, creado para un chef específico). Según Mendoza, mantener nombres europeos genera comparaciones desfavorables con los “originales” y falsas expectativas, mientras que denominaciones propias resultan más atractivas y auténticas. Estos nombres surgieron por la inmigración suiza, italiana y francesa, pero evolucionar hacia identidades locales fortalece la industria.

Pablo Villano, presidente de la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas Lácteas (Apymel), indica que el acuerdo establece un marco general, pero quedan aspectos por resolver, especialmente las denominaciones geográficas. Por ejemplo, quesos exportados a Brasil como Reggianito deberán cambiar de nombre, con plazos probables para la transición.

Fernando Ramos, consultor lácteo, menciona que hace unos cinco años se solicitó a Argentina un listado de empresas usuarias previas de estos nombres, con datos de exportaciones, para posibles excepciones. Sin embargo, no hay pacto definitivo cerrado. Subraya que la UE busca preservar décadas de trabajo y reputación, similar a cómo Argentina podría proteger el dulce de leche si se inscribiera adecuadamente. Cambiar nombres implicará inversiones importantes en marketing para reposicionar las marcas.

Jorge Giraudo, director ejecutivo del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), confirma avances previos en excepciones para quesos como Gorgonzola, Parmesano, Grana Padano, Gruyère y Fontina, condicionados a producciones demostrables antes de ciertas fechas. No obstante, advierte que falta la aprobación de los 27 países de la UE, donde el sector lácteo expresa disconformidad y reclama cláusulas espejo para igualar estándares en procesos y productos.

La cuota de 30.000 toneladas de quesos europeos sin aranceles se considera alta, dada la competitividad y productividad europea, lo que genera preocupación por el impacto en la industria local.


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