Una comunidad diaguita calchaquí despertó el interés de dos investigadores, uno de ellos varillense

Se trata de la comunidad Ingamana (no al Inca en quechua), ubicada en San José, en el Departamento de Santa María, en la provincia de Catamarca, muy cerca del límite con Tucumán. Los encargados de realizar un trabajo exploratorio en la zona fueron la Licenciada en Psicología por la Universidad de Buenos Aires, Corina Setton y el Profesor Ariel Garis, quien tiene a su cargo la cátedra de Arqueología y Etnohistoria Americana en el Profesorado en Historia del Instituto “Gustavo Martínez Zuviría” de Las Varillas. Además, Corina Setton se especializa en Psicología Social en la Universidad Maimónides de Capital Federal.

Los investigares brindaron a El Heraldo la información que recopilaron en sus días de permanencia en San José y cómo fue su interacción con los miembros de la comunidad diaguita Ingamana, sus autoridades y lugareños, quienes demostraron su afecto y hospitalidad en todo momento, indicaron. Tanto Corina Setton, como Ariel Garis, quisieron acercarse al lugar para convivir y dialogar con los descendientes de este pueblo originario.  El objetivo, ahondar en profundidad sobre las formas de pensar que se mantienen vivas a pesar de la conquista, la dispersión de los grupos y la paulatina integración con la sociedad civil. Para desarrollar su trabajo tuvieron en cuenta aspectos que hacen a la espiritualidad, la concepción de la vida y de la muerte, la idea de un más allá o de qué trata la trascendencia para este pueblo. También se abocaron a descubrir cómo es la relación con la naturaleza, la enfermedad y el uso de hierbas medicinales. Este “arte de curar” con elementos naturales se transmitió de generación en generación y hoy muchos jóvenes lo siguen practicando. Además, en colaboración con médicos y farmacéuticos, se estudian nuevas posibilidades de aplicación de pomadas y ungüentos destinados a aliviar determinados problemas en la piel. Muchos aún hablan del “susto”, un malestar que la persona padece a causa de una impresión y que la lleva a sentirse desanimada. Sólo las plegarias de una curandera o curandero, pueden curar este mal.

De izquierda a derecha: Ariel Garis, cacique Alfredo Escudero, Anciano Eugenio Navarro y Corina Setton.

En la cultura andina existe una íntima ligazón entre el hombre y la tierra, de la cual se siente parte y rinde un culto todos los primeros de agosto. Se trata de la Pachamama (Madre Tierra), un espíritu, a veces denominado dios femenino, que garantiza las buenas cosechas. Es por esta razón que se le brindan ofrendas por los favores recibidos y esperar abundancia en los campos. La fecha se debe a que en esta tradición, específicamente en ese mes, la tierra comienza un nuevo ciclo, en la que se purifica para que durante todo el año no le falte nada a nadie. La otra fecha sagrada para los diaguitas es el 21 de junio o Nuevo Año. Es el nacimiento del Sol, que según la visión incaica se trata de una divinidad importante la conservación de la vida.

Una de las premisas que Setton y Garis siguieron, fue conocer el lugar que ocupan en la actualidad las mujeres, los jóvenes y los ancianos dentro de la comunidad. Sobre este particular, nos dijeron que es sorprendente la valoración que el anciano tiene en la misma, al punto de que se lo llama “sabio” y de constituir el Consejo de Ancianos, una especie de órgano de gobierno propio, que el cacique tiene la obligación de consultar permanentemente a la hora de tomar decisiones.

Cabe recordar que la Nación Diaguita es considerada la que alcanzó el nivel de técnica más avanzado dentro de los pueblos originarios que habitaban la Argentina. Se presume que, gracias al contacto con los incas, conocieron la agricultura, el sedentarismo, la construcción de ciudades, la alfarería y la aleación de metales. En la segunda mitad del siglo XV, los diaguitas, fueron invadidos por los incas e integrados a su imperio. Poco a poco el cacán, la lengua que los unía, fue reemplazada por el quechua, el habla del invasor. Luego, entre los siglos XVI y XVII tuvieron lugar las guerras calchaquíes, una serie de sangrientos enfrentamientos con el conquistador español, que hizo descender bruscamente la población diaguita. 

Las entrevistas hechas a caciques, Ancianos, arqueólogos de Catamarca capital y a quienes se encargan de atesorar el pensamiento y las costumbres de los Valles Calchaquíes, constituirán un libro que los investigadores están preparando y que darán a conocer cuando esté publicado.

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